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martes, 8 de octubre de 2013

Todos los personajes que ha hecho Ramón Valdés - Don Ramón


Ramón Valdés Castillo murió cuando estaba por cumplir 65 años-. Para ese entonces ya se había convertido en un icono mundial del humor. Una figura que enfundada en el personaje de Don Ramón representaba la esencia de la supervivencia, el hombre ‘mil oficios’ que tuvo que fungir de boxeador, vendedor de churros, ropavejero, profesor de fútbol americano, fígaro y un largo etcétera para mantener a su pecosa hija y seguir viviendo en el 72 de la vecindad, debiendo eternos 14 meses de renta.

Pero el flaco tatuado, que hoy cumpliría noventa años, no solo fue Don Ramón, no solo fue el padre de la Chilindrina, el eterno deudor, el ‘cachuelero’ por excelencia, Ramón Valdés, en esa pantalla bidimensional, también supo ser un superhéroe americano, un despiadado matón del viejo oeste, un criminal de poca monta y hasta un hombre de la cavernas.

Si bien Roberto Gómez Bolaños fue el arquitecto del monstruo, de esa maquinaria aceitada llamada “El chavo del Ocho” y los demás programas que se encargó de crear. Ramón Valdés fue para muchos, entre los que me incluyo, la figura máxima del show. Sus gestos, la naturalidad, las frases (todas de su autoría) hicieron del ‘Viejo charamuscas’, del ‘chimpancé reumático” el eje de la trama. Prueba de ello, es que tras su salida, y la de Carlos Villagrán (Quico), la serie no fue la misma.

Vestido con esa eterna camiseta negra, los jeans gastados y el gorrito celeste, Ramón Valdés protagonizó episodios memorables. Tan tristes como graciosos. Todos de final predecible pero con la particularidad de tenernos pegados a la televisión pese a que conocíamos de memoria la trama, Despojado de ese atuendo, el hermano de Tin Tan personificó a entrañables figuras, muchos de ellos antagonistas del “Chapulín colorado”. Aquí, un repaso a sus capítulos más recordados.

SUPER SAM
Vestido con un traje similar al de Superman y un gorro del Tío Sam, “Super Sam” es uno de los personajes más pintorescos de “El chapulín colorado”. Si el héroe mexicano utiliza un chipote chillón, el americano usa una bolsa de dinero de dólares que según él eran *“poquitos, pero muy poderosos*”. Cada vez que usaba su arma se escuchaba el sonido de una caja registradora y su típica frase “Time is Money”. El personaje combina el inglés y el español, llega del extranjero para “salvar a linda muchachitas” pero es rechazado porque las personas prefieren producto nacional y no héroes importados” (“‘Impor’ What’”). Súper Sam apareció en cuatro episodios del Chapulín colorado: “De los Metiches Líbranos Señor” (donde ayuda a unos campesinos), “El retorno de “Super Sam’” (donde reaparece para combatir al Pocastrancas). “Todos caben en un cuartito sabiéndolos acomodar” (donde “Super Sam” y el chapulín comparten un cuarto de hotel) y “Historia de una vieja mina abandonada que data del siglo xvii y que está a punto de derrumbarse” . “Ohh Yeah”.

CHIMPANDOLFO
Tras permanecer dormido por más de 20 mil años en las heladas tierra de Siberia, un cavernícola ‘regresa a la vida’. Sus descubridores lo bautizan con el nombre de “Chimpandolfo” y para evitar que este sea apresado por la policía, deciden educarlo. El encargado de la difícil tarea es el “Chapulín colorado”. Durante tres episodios, el superhéroe intenta enseñarle modales, al prehistórico hombre. “Chivo” (libro) y “ashaka” (música) son algunas de las palabras que debe aprender Valdés. El episodio titulado “La bella durmiente era un señor muy feo”, termina con un cambio de roles: el buen “Chimpandolfo” aparece hecho todo un aristócrata, mientras que el Chapulín se muestra como un cavernícola.

RASCABUCHES

Es uno de los mayores enemigos del “Chapulín colorado”. Un feroz pistolero que iba de pueblo en pueblo robando bancos y sembrando terror. Padre de “Rosa la rumorosa” y uno de los hombres más buscados del viejo oeste. Aunque tiene fama de desalmado, es un tipo noble que incluso ayuda al pequeño superhéroe. Aparece en varios capítulos de la serie entre ellos “El bueno, el malo y el chapulín”, “El regreso del “Rascabuches’” y “Chipote Chillón calibre 45”. Tras la salida de Valdés, Rubén Aguirre personifica al “Matoncísimo Kid” que funge de reemplazo del “Rascabuches”.

PETERETE
Dio vida junto al “Chómpiras” a la primera versión de “Los Caquitos”. Era solo un entremés antes de los capítulos de “El Chavo del Ocho”. Sin duda era quien estaba al mando en ese binomio criminal. Su andar silencioso, acompañado siempre del fondo musical de la “Pantera Rosa” y un chullo o gorro característico dio vida al manual del ratero torpe, que no se cansaba de atender a su compinche con sonoras cachetadas previa peinada. Planificaba sus golpes al milímetro pero sus robos, siempre ridículos, fracasaban tras ser sorprendidos por la policía. Incluso alguna vez intentaron robar la casa del comandante. Maestro totales.

TRIPASECA
Uno de los mayores enemigos del “Chapulín colorado”. Un gánster tan peligrosos como inútil miembro de una banda criminal de fama de despiadados como “el Cuajináis”, “el Chory” (llamado también “El Nene”) y la coqueta “Minina”. Apareció en al menos una decena de capítulos y en todos ellos acabó de la misma forma, derrotado por el héroe colorado. El mejor de ellos, el episodio “Un bandido bastante muerto”, en donde el “Tripaseca” simula su muerte para atrapar al Chapulín. En este capítulo se cuentan detalles de la relación que el héroe y criminal tenían.

Además de Don Ramón, ¿cuál es tu personaje favorito?

La verdadera historia de Don Ramón


Hace solo unas semanas se cumplían 25 años de su muerte. Hoy, sin embargo, celebramos su vida. Ramón Valdés cumple 90 años haciéndonos reír. Porque sigue vivo. En cada risa que nos roba con sus clásicas frases “no te doy otra, nomás”, “si serás” y “con permisito, dijo Monchito” cuando vemos alguna repetición de “El chavo del ocho”. Y sé que sigue vivo porque, en este domingo laborable en el que escribo esta nota, puedo decir con absoluta seguridad que no hay trabajo malo. Lo malo es tener que trabajar.

Es conocido que Don Ramón era una extensión de Ramón Valdés. Que Chespirito, cuando lo llamó para formar parte de la vecindad, le dijo “sé tú mismo”. Y así fue. En la ficción, como en la vida real, hizo de todo para ganarse unos pesos y así intentar pagar los 14 meses de renta que debía al señor Barriga. Fue torero, boxeador, peluquero (¡fígaro, fígaro!), zapatero, carpintero, vendedor de churros, globos y confeti, lechero, fotógrafo y agente especializado en compra y venta de artículos para el hogar (porque ya nos aclaró que no es ropavejero).

Por cien pesos era capaz de hacer hasta de Sophia Loren, no era vengativo porque la venganza “mata el alma y la envenena” y siempre recibía cachetadas de la vieja chancluda. Soportaba heroicamente las arremetidas del Chavo y Quico preguntándose si son así de brutos o si están haciendo méritos. “¿Y luego por qué les pega uno?”, era la pregunta que les hacía.

Después de cada cachetada se desquitaba con su sombrero y estuvo a punto de casarse con La Bruja del 71 en un sueño. Estuvo, para que lo sepan, nueve años en el colegio. “Ocho años en primero y uno en segundo”.

FAMILIA TALENTOSA

Ramón Valdés, el de la vida real, pertenecía a una familia acomodada y tenía ocho hermanos. Se casó tres veces y tuvo 10 hijos, aparte de la Chilindrina. “Tenía mi foto junto a las de cada uno de sus hijos”, reveló hace algunos años la actriz María Antonieta de las Nieves.

Querido por todo el elenco de “El Chavo del Ocho” a pesar de su carácter peculiarmente despreocupado, nada volvió a ser igual cuando decidió dejar el programa. Rafael Valdés, su hijo, lo explicó así: “Lo escuché decir que al último no trabajaban muy a gusto. Se fue rompiendo el engranaje con la salida de Quico y luego con la de mi papá”, manifestó.

SUS ÚLTIMOS DÍAS

Luego de su retiro se dedicó a hacer giras por Latinoamérica y el Perú fue el último país que visitó. Incluso grabó un comercial de turrones. Luego la cosa se complicaría: sufrió una lesión en la columna, en la parte posterior de la cadera. Luego se le detectó cáncer de estómago.

En el Perú los canales cortaron sus transmisiones para anunciar su muerte. María Antonieta de las Nieves fue llevada de emergencia al enterarse de la noticia y fue la única vez en su carrera que canceló una función. Édgar Vivar y Rubén Aguirre fueron los únicos que pudieron estar en su velorio, además de muchos seguidores.

Sus rabietas, sus huidas, los golpes, las ocurrencias y su carisma continuarán en el recuerdo colectivo no solo de nuestra generación, sino de hasta tres generaciones que disfrutaron del talento de Ramón Valdés. Son 90 años y seguimos riendo con Don Ramón.

PARTICIPÓ EN MÁS DE CINCUENTA PELÍCULAS

La carrera cinematográfica de Ramón Valdés fue muy prolífica, aunque poco reconocida. Quizá porque en el séptimo arte no había sitio para dos Valdés: su hermano Germán, el extraordinario Tin Tan, fue uno de los más grandes comediantes de la historia del cine mexicano (en realidad, del cine a secas) y hasta hoy su figura sigue siendo venerada por todo el mundo.

Ramón trabajó en más de 50 películas, comenzando al lado de su hermano en cintas como “Calabacitas tiernas” (1948), la extraordinaria “El rey del barrio” (1949) y “Dios los cría” (1953). En esa época, el cine mexicano era una industria muy poderosa, y la cantidad de comedias, melodramas y cintas de otros géneros que se producían era muy importante. En su vena cómica, el cine mexicano se caracterizaba por su picardía, por mostrar a personajes con mucha calle que, de una u otra manera, deben engañar para sobrevivir.

El buen Don Ramón justamente se caracterizó por hacer personajes secundarios de esas características: seres más bien marginales, como pequeños delincuentes o estafadores que, acompañan o ponen en aprietos al protagonista. Una marginalidad que es muy cara al imaginario del cine mexicano: la idea de arribista, de aquel que aparente algo que no es ha sido la base de las grandes comedias de época de oro del cine mexicano.

Y esa misma marginalidad es aquella que, tiempo después, Valdés explotaría de la mano de Roberto Gómez Bolaños en “El Chavo del Ocho”. La televisión era el formato de Ramón Valdés: el cine no le hizo justicia a lo extraordinario actor que fue.